La economía compartida o colaborativa entra en madurez y tiene futuro más allá de nichos de negocio, según analiza McKinsey, pero debe enfrentarse a las presiones regulatorias que afectan a su imagen. ¿Cómo? Poniendo en valor su servicio y tejiendo alianzas clave incluso con actores tradicionales del mercado y con los reguladores, aprovechando su potencial de conocimiento del cliente.